| Cómo educar a un niño con Síndrome de Down |
Todo niño con Síndrome de Down constituye un ser individual. Crecerá manteniendo su especial sonrisa y alegría, sus hábitos característicos, sus preferencias y sus rechazos.El desarrollo de su personalidad, de su ser físico y mental dependerá de los factores genéticos, hereditarios y de las influencias culturales y ambientales que, unidos, distinguen a toda persona de cualquier otra. Los factores nombrados componen un potencial que puede efectivizarse en crecimiento y buena salud, con educación en un ambiente armónico y feliz. Es deber de los padres averiguar las aptitudes de sus hijos y las áreas de posible desarrollo, comprender sus limitaciones físicas y mentales y procurarles las condiciones para crecer y aprender en la medida de su capacidad.
92 páginas en papel bookcel Tapas 270 gramos laminado mate 21 x 14 cm ISBN: 978-987-22114-9-3
Algo profundo me ha movido a escribir sobre cómo educar a niño con Síndrome de Down, el propósito de ayudar a sus padres. Comprendo esta circunstancia, y creo que ayudando a pensar y orientando a realizar un programa coherente con las necesidades del hijo integrado en la vida de una familia, el triste panorama de padres desolados cambiará por un luminoso amanecer de esperanza y optimismo que reducirá la carga, pues se la llevará con más aceptación. Los padres necesitan que se los ayude, no que se los sustituya. Han de saber dominar las circunstancias y no sentirse atormentados por ellas; tienen que aprender a mantenerse serenos y pacientes para poder pensar, analizar y decidirse a poner manos a la obra. Espero por medio de mi trabajo de investigación impulsar a muchos padres a analizar su situación familiar y a tomar la decisión de solicitar ayuda y orientación en beneficio de sus hijos y de ellos mismos. Lo importante en estos casos no es mirar hacia atrás, sino hacia delante, con confianza, optimismo; con afán de mejorar buscando la fuerza interior que les permita superar su dolor, aunque no desaparezca por completo. Sólo así se podrá emprender una acción educativa basada en un conocimiento profundo de la situación familiar, proponiéndose bjetivos, buscando vías de solución que permitan a los padres actuar en la educación de su hijo y prepararlo para la vida. Mi trabajo de investigación no es, por supuesto, la respuesta. No tiene por objeto ser la palabra final sobre el tema, sino por el contrario ser un modesto comienzo. Para mí es la aceptación de un desafío. En sentido más amplio, es un desafío para padres, docentes especializados, personas que desconocen la situación, docentes sin conocimientos del tema que trabajan con otro tipo de niños, para que tomen conciencia de que las personas con síndrome de Down y sus familias necesitan que se les brinde una guía eficiente, sensata y basada en la realidad y que al no recibirla experimentan mucha angustia y miedo. Mi objetivo principal es orientar a la familia durante el difícil camino que tienen frente a ellos, para adaptarse mental, física, emocionalmente, para adquirir la esperanza de los conocimientos y la fortaleza necesaria para aceptar como propio el más importante de todos los desafíos humanos: el derecho inalienable de toda persona a realizarse como tal. Si lo conocemos, es un rostro que nos resulta familiar, lo tenemos a nuestro lado. Sabemos que para él es necesario conectarse con otros seres humanos, integrarse a la sociedad en la que vive. Pero, ¿somos concientes con nuestra actitud hacia él? Cada bebé que nace es un don, un don de Dios a los padres de ese niño. Hay que saber ubicarnos del lado de cada niño, entenderlos, omprender este síndrome que los afecta y poder comunicarnos con ellos por medio de amor, simpatía y dulzura. stas son cualidades que verdaderamente caracterizan a estos seres. También así tiene que ser nuestra actitud hacia ellos. Es increíble cómo la estimulación que se brinda a estos niños desde temprana edad facilita la evolución de su crecimiento e integración ocial. Por esto no englobemos a quienes poseen síndrome de Down para marginarlos sino para tratar juntos de hacerles menos inuoso el camino que les tocó recorrer en la vida. Entonces no remitamos a la sociedad la totalidad del problema, porque esto equivale a eludirlo. Juguémonos por la aceptación de stos seres en la educación, en el trabajo y en la sociedad. Leyendo un folleto que aludía a este tema encontré este mensaje titulado “Tu nombre es Olga”; por su sensibilidad y sabiduría quise ranscribirlo. Dice así: "Mirándote Olga, he descubierto que debía respetar las diferencias. Y no sólo las diferencias de quienes tengo cerca de mí, que pueden ser aceptadas a través del amor, sino las diferencias con cualquier persona y esta aceptación sólo se puede conseguir si no somos santos por esencia, a lo largo del proceso mental de un ejercicio sereno y casi diría frío de análisis de la realidad humana. De la misma manera que un botánico conoce y admira la enorme diversidad del mundo de los planetas y no se le ocurre imponer una de ellas como modelo a imitar, los adultos hemos de observar a nuestros contemporáneos sin perjuicios que los descalifiquen por lo que tienen de propio y que nosotros no poseemos, o pensamos que no poseemos. Acaso ¿el hinojo es defectuoso porque no es una rosa? Si los rosales tuvieran una visión egocéntrica del mundo lo creerían así. Excepto tal vez que en una rama del rosal hubiera nacido un brote de hinojo y que el rosal lo sintiera suyo.” Espinas Joseph M. “Tu nombre es Olga”. Carta Nº 7. Editorial La Campaña Barcelona 1987. María Luján Amestoy |
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Todo niño con Síndrome de Down constituye un ser individual. Crecerá manteniendo su especial sonrisa y alegría, sus hábitos característicos, sus preferencias y sus rechazos.